Dr. Andrew D. Miall (Universidad de Toronto, Canadá)
El Dr. Andrew D. Miall ha sido profesor de Geología en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Toronto desde 1979, donde ha desarrollado una extensa labor en docencia e investigación en estratigrafía y sedimentología de cuencas sedimentarias. Su trabajo se ha centrado especialmente en la estratigrafía secuencial, la sedimentología de areniscas continentales y su caracterización como rocas reservorio de recursos no renovables, así como en el análisis de la preservación del tiempo en el registro estratigráfico y sus implicancias para la interpretación de la historia geológica.
A lo largo de su trayectoria académica ha publicado numerosos libros y una amplia cantidad de artículos científicos en revistas internacionales especializadas, consolidándose como una referencia mundial en análisis de cuencas y estratigrafía.
Fue el primer titular de la Cátedra Gordon Stollery en Análisis de Cuencas y Geología del Petróleo, creada en 2001 en la Universidad de Toronto. En reconocimiento a sus contribuciones científicas, fue elegido Miembro de la Royal Society of Canada en 1995.
Resumen
Joseph Barrell (1917) fue uno de los primeros en reconocer que la acumulación estratigráfica es fragmentaria, y que la preservación solo ocurre cuando existe espacio disponible (como resultado de subsidencia o ascenso del nivel del mar) y los depósitos evitan la erosión. Wheeler (1958, 1959) desarrolló el concepto de lo que hoy denominamos “diagramas de Wheeler”, en los cuales las secciones estratigráficas se representan con el tiempo como eje vertical. Estos permiten resaltar la naturaleza incompleta del registro estratigráfico. Derek Ager (1973) sostuvo que la acumulación es altamente fragmentada, y que el registro consiste en “más lagunas que registro”. Sadler (1981) demostró que las tasas de sedimentación son inversamente proporcionales al tiempo transcurrido representado por la sección medida, una relación logarítmica (log–log) que se mantiene a lo largo de catorce órdenes de magnitud en la escala temporal y nueve órdenes de magnitud en la tasa de sedimentación.
El resultado de todos estos trabajos ha sido el reconocimiento de que el registro estratigráfico consiste en lo que Bailey y Smith (2010) denominaron “accidentes congelados”, amalgamados entre sí a través de discontinuidades sedimentarias que representan intervalos de tiempo ausente que van desde segundos hasta cientos de millones de años. La creciente disponibilidad de métodos de datación precisos —mediante bioestratigrafía, métodos radioisotópicos, entre otros—, junto con el aumento en la capacidad del análisis de facies y de la estratigrafía secuencial para desentrañar los ambientes de depósito, nos permite relacionar tasas y escalas de tiempo con procesos geológicos específicos, conduciendo a una visión holística de la estratigrafía como el producto de múltiples procesos que actúan simultáneamente a lo largo de todas las escalas del tiempo geológico.
La “completitud estratigráfica” puede así entenderse como un valor compuesto, que comprende unidades sedimentarias anidadas formadas en escalas de tiempo que abarcan catorce órdenes de magnitud, separadas por discontinuidades que representan un rango igualmente amplio de escalas temporales. Enfocar la atención en la jerarquía temporal integrada de los procesos —desde la turbulencia asociada al transporte de carga de fondo hasta el progreso de la subsidencia térmica en una cuenca sedimentaria— fortalece la interpretación del producto preservado, desde los sets de estratificación cruzada hasta el relleno de cuenca.

